Hay un tema de Doctor Deseo que dice algo así como: “quemar la vida, para volver a nacer”. Quemar la vida, quemar el tiempo, quemar los años… bajo la intensidad del rock and roll es algo gratificante para un músico pero también muy laborioso. En este caso llevar 25 años a golpe de carretera y manta es, por supuesto, motivo de celebración ante toda una comunidad rockera.
Las bodas de plata de una formación como Barricada (siempre a pie de cañón) no pueden pasar desapercibidas. Y qué mejor manera de celebrarlo que en este caso con dos conciertos. Y digo dos, porque fue tan acelerada y fugaz la venta de entradas para el 30 de Marzo que se tuvo que añadir una siguiente fecha para que muchos de los que se quedaron sin entrada pudieran formar parte también del aniversario barrikero.
El recinto dónde actuó Barricada fue el Pabellón Hermanos Indurain de Villava, donde hace 3 años se había realizado un tributo por sus 22 años de actividad.
Un escenario no demasiado alto, acentuaba la cercanía del grupo hacia un público que a simple vista tenía toda la intención de darlo todo.
Y a golpe orquesta circense salieron los protagonistas de la velada a hacer de las suyas una vez más. Y qué mejor comienzo que un “Sean Bienvenidos” y unas palabras por parte del Drogas (bajo su sombrero de copas y tras sus gafas de sol). Algo así como “Zorionak, porque estos 25 no son nuestros sino vuestros” (o algo por el estilo).
A partir de entonces empezó el vertiginoso recital.
Entre los primeros temas “Esta es una noche de Rock and roll”, “Abrir y cerrar”, “La hora del carnaval”, “Tiempos que arden” o “Esperando en un billar”… canciones pertenecientes a sus primeros trabajos, dónde reinaba el rock and roll callejero.

Mientras todo esto acontecía sobre el escenario y lo plasmábamos en la cámara de fotos nos dimos cuenta de una cosa de la cual mucha gente no se habría percatado. Ibi, el batería llevaba la cara totalmente pintada entre rojos, blancos y negros, ¿el significado?, a nosotros también nos gustaría saberlo.
“Sofocao”, “Quiero perderme”, Objetivo a rendir”, “Pasaia”… El listado seguía corriendo y el público, de lo más variado y variopinto, cada vez estaba más eufórico.
El siguiente tema, clasicazo de la formación navarra e himno ocupa donde los haya, “Ocupación”, fue dedicado a Xavier Errea (detenido ante el derivo del Eusakal Jai de Pamplona).
“Pisale”, “Problemas”, “Bajo control”, “Tentando a la suerte” y una de las reinas de la noche, “Lentejuelas” y 2000 personas coreando la letra al unísono para dar paso a toda una declaración, “No se bien porque”. “Pierdo la cabeza por poca cosa, todavía te quiero a mi lado, a mi lado…”.
Y volviendo a la velocidad musical el repertorio siguió con “Hombre mate hombre”, “Como yo a ti”, “Que estalle la bomba”, “Barrio conflictivo”, “Pon esa música de nuevo”…
Aun no habíamos pasado la mitad del repertorio que Barricada se había estado preparando durante mucho tiempo y pese a rozar las dos horas de concierto el cuerpo nos pedía más temas y más intensidad si cabe. .

De repente nos encontramos con las palabras del Drogas repicando en nuestros oídos: “El sol no calienta por igual en todas las cabezas. Sino que pregunten al que está, bajo nuestro pie…” y estalló el tema “Víctima”.
Después, la tonadilla del “No sé que hacer contigo”, “A toda velocidad”, “El Trompo” cuya letra fue escrita por Kutxi Romero llegó otro de los himnos del rock estatal, una vitoreada “Oveja Negra”
30 temazos y todos los que aun nos quedaban nos hacían temblar las piernas.Sin embargo, pese a ser un aniversario faltaba algo que una servidora echó de menos. La tarta. Y puesto que (sobre el escenario por lo menos) no vimos ninguna sí que hubo algo que estaba íntimamente ligado con la palabra fiesta. Serpentinas de color rojo que volaron sobre el escenario junto con los acordes de “Rojo”.
Si durante el concierto la iluminación quizá en algún momento nos pudo parecer demasiado tenue, en este instante fue de lo más acogedora y merecedora del momento.
Y seguimos, esta vez con una de las canciones que a una servidora le pone la carne de gallina. Un sensual “animal caliente” hizo de nuevo que el público siguiese exacerbado. “En la silla eléctrica”, “Deja que esto no acabe nunca”, la divertida historia que cuenta “Todos mirando” y un tema que juega mucho con la puesta en escena de los integrantes del grupo, “Esta noche no es”.
Hasta aquí nos corrompió la electricidad y el sonido contundente para dar paso a una interpretación quizá más delicada, o como en su tiempo dejaron bien claro en la minigira acústica por los teatros, “Barricada de otra manera”.
Y así fue, los Barri bien equipados: con sus instrumentos, sus ganas de darlo todo y con muy buena compañía escénica. En los coros Mº Fé, Arantxa y Yolanda (Las Zíngaras), al Saxo “El Pirata” (Los del gas) y en los teclados Iker Piedrahita (Dikers).
A partir de aquí, coser y cantar.

La primera en la frente, Boni acústica en mano, “Oyeme, no llores más. Cúbrete la cara…”, así comenzó “Pídemelo otra vez”. Conforme pasaban los segundos, el tema iba recobrando mayor intensidad.
Los coros y el saxofón confeccionaron una atmósfera más envolvente y sosegada en algunos momentos “Mañana será igual”, “Las paredes del pozo”, frente a la fuerza y el vigor de “Juegos ocultos”, “El pan de los ángeles”, “Voy muriendo”…
“Insolencia”, “Pasión por el ruido”, “En nombre de Dios”….
La velada iba muriendo ante 2000 personas. Unos cuantos temas más y todo se habría terminado.
De nuevo y para finalizar la maratoniana velada 4 temazos eléctricos que culminaron el concierto. “Contra la pared”, “Acción Directa” y dos cantos que nunca jamás pueden faltar en un concierto de esta formación navarra: “No hay tregua” y “En blanco y negro”.
Y blancos nos quedamos al mirar el reloj y ver que nos habían ofrecido más de tres horas y media sobre un escenario, prácticamente del tirón. Hilando fino y con mucho gusto y variedad. En ese momento hubiésemos entonado un “Deja que esto no acabe nunca”
Ya solamente nos queda desear que pasen otros 25 años más de “Pasión por el ruido” al pie del cañón y que nosotros los veam






